Cthulhu: Death May Die, o cómo la locura se convierte en tu mejor arma

En la mayoría de los juegos de temática lovecraftiana, la locura es el enemigo. Algo que hay que evitar, gestionar, contener. Un marcador que sube y que, cuando llega al límite, significa que has perdido.

Cthulhu: Death May Die hace exactamente lo contrario.

Aquí, la locura es el camino. Cuanto más te hundes en ella, más poderoso te vuelves. Y al final, cuando el Primigenio por fin emerge al mundo, ya no intentas detenerlo. Lo atacas de frente. Porque esa era la idea desde el principio.

El plan suicida más divertido de la mesa

Una secta está a punto de completar un ritual. Si lo consigue, un ser de poder inconcebible cruzará al mundo. Lo que nadie esperaba es que vuestra estrategia sea precisamente esa: dejar que lo hagan.

Mientras el ritual avanza, vosotros exploráis el escenario, os enfrentáis a hordas de monstruos y, sobre todo, perdéis cordura. Y cada vez que la perdéis, desbloqueáis nuevas habilidades. Locuras que os hacen más fuertes, más rápidos, más capaces de aguantar lo que viene. Cuando el Primigenio por fin aparece, sois investigadores rotos, medio enloquecidos, completamente peligrosos. Y entonces empieza la parte buena.

Es un bucle de juego sencillo de entender y enormemente satisfactorio de ejecutar. La primera vez que le dais la vuelta al tablero del Primigenio y veis que ahora sí podéis dañarle, hay una sensación de clímax narrativo que pocos juegos logran.

Episodios, primigenios y una rejugabilidad sin fondo

La caja base incluye seis episodios y dos Primigenios: Cthulhu y Hastur. Cada episodio tiene sus propios objetivos, su propio mapa y sus propias reglas especiales. Cada Primigenio cambia radicalmente cómo se comporta la amenaza. La combinación de ambos factores significa que cada partida es genuinamente diferente a la anterior.

A esto hay que añadir que cada investigador tiene su propia hoja de personaje, sus propias habilidades y su propio estilo de juego. El arqueólogo no juega igual que la médium ni que el gánster. Elegir bien quién juega con quién, y cómo coordinarse durante la partida, es parte esencial de la experiencia.

Y si todo esto no fuera suficiente, el juego escala perfectamente con el número de jugadores. Funciona en solitario con toda la tensión intacta, y escala hasta cinco personas sin perder ritmo ni coherencia.

Lo que CMON hace bien

Eric M. Lang, el diseñador, lleva años construyendo juegos donde la producción y la jugabilidad van de la mano. Cthulhu: Death May Die no es una excepción. Las miniaturas son de un detalle y un tamaño que hacen que montar el escenario ya sea parte de la experiencia. Los dados personalizados, las cartas de mitos, el tablero modular que cambia de partida en partida: todo está pensado para que el juego entre por los ojos antes de que nadie explique una sola regla.

La dificultad es media. No es un juego que te aplaste en la primera partida ni uno que pierda toda tensión cuando ya lo conoces bien. Tiene ese punto de equilibrio que hace que quieras repetir aunque acabes de terminar una partida.

Para quién es este juego

Para quien quiera un cooperativo temático con mucha acción, pocas pausas y una atmósfera que se mantiene de principio a fin. Para grupos de dos a cinco personas que disfruten de tomar decisiones en voz alta y repartirse roles sobre la marcha. Para quien ya conoce los mitos de Lovecraft y quiere ver a Cthulhu desde el otro lado de la mesa, no como víctima sino como el objetivo final.

No es un juego de investigación pausada ni de lectura de textos. Es acción, coordinación, dados y miniaturas enormes sobre un tablero que cada vez tiene peor aspecto. Y eso, a la mesa adecuada, es exactamente lo que se necesita.

En Arkiv tenemos disponible Cthulhu: Death May Die en castellano. Si ya lo tienes y buscas más contenido, pregúntanos por las expansiones de Primigenios adicionales para seguir ampliando la experiencia.

Juegos mencionados en este artículo

Cthulhu: Death may Die

Cthulhu: Death may Die

€118,74